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Una bicicleta, dos Argentinas

En el sitio revistaorsai.com publicaron este relato hecho a partir de audios de una víctima de robo, que gira alrededor de la bici como objeto de valor sentimental, cuyo final los va a sorprender.

Por Hernán Casciari

Ésta es una historia muy chiquita. No me pasó a mí. Le pasó a la hermana del corrector de Orsai. Ella vive en Banfield y le afanaron la bicicleta y le dejó a Nacho estos audios que recopilé e incluso acorté un poquito.

Boludo, no sabés lo que me pasó. Me afanaron la bici. Ayer me la olvidé en la estación de Banfield y me la afanaron. No sabés qué fea la sensación de ver que no estaba… el palito de luz sin la bicicleta… Yo siempre la dejo ahí que hay un negocio, ¿viste? Y, nada, no estaba. Se la habían afanado.

Estoy recontra indignada porque no… no tengo lugar al error, a la equivocación… A ver: me olvidé. Me sentía mal, me vine a casa. Me olvidé la bicicleta vieja, de hace 50 años, pero que son mis piernas, que me llevan y me traen… ¡Me la olvidé con un candado y con una cadena! ¡Es mía, es mi bicicleta! No me pude equivocar que me la robaron…

Es una mierda, no podemos vivir así. Se vive como el orto, no puede ser que no podés equivocarte que siempre hay alguien ahí a la expectativa para hacerte daño…

Todos me dicen: «Pero vos sos boluda, ¿cómo te vas olvidar la bicicleta ahí?». ¡Si las reglas de juego son estas yo no quiero jugar más! Me replanteo todo, ¿qué estoy haciendo acá si este lugar no me gusta? ¿Quiero que mi hijo crezca acá?

Gabi me decía: «No te hagas más mala sangre, vamos a comprar otra bicicleta, ya va a aparecer otra, te comprás otra». ¡Encima tenía un candado!

Era mía esa bici, era mía. ¡Era una verga pero era mía!

¿Nadie piensa en el otro? ¿Nadie piensa en el otro? Si yo necesitaba la bicicleta y para qué o sea realmente… nada, no te grabo más porque me pongo a llorar.

Así estuvo un día entero. Son mensajes al hermano y mensajes a su mejor amiga. La bicicleta no era una bicicleta linda, pero era la bicicleta que al marido le había regalado su padre. Una bicicleta que tenía más valor sentimental que otra cosa. Y al otro día temprano, y este es el audio que a mí me emocionó, aparece esta otra comunicación.

¡Boludo, apareció la bici! No sabés la alegría que tengo, porque más allá de la tristeza de lo material, yo estaba muy mal y muy triste por el gesto, por el hijo de puta que se tomó el trabajo de romper el candado para robarme la bicicleta… Me quería mudar de planeta, vivir en otro lado donde las cosas sean más justas, donde se piense un poco más en el otro…

Bueno, cuestión que recién me bajo en Banfield, tengo que venir a la psicóloga y como era temprano, había un tipo parado justo donde yo dejo la bici y le digo: «¿Te puedo hacer una pregunta? ¿Vos ayer cuando cerraste el negocio (porque es un negocio, un almacén) no te acordás si había una bicicleta acá?». «¿Qué, es tuya la bicicleta?». «¡No, era!». «No, es. Ahora te voy a contar, pero quiero que me expliques qué te pasó que no viniste a buscar la bicicleta porque estuvo toda la cuadra preocupada de que te había pasado algo, porque no viniste a buscar la bicicleta».

Entonces le conté, que estaba resfriada, que me bajé en Escalada, que me tomé un Uber y me dice: «No, no, no sabés, todo el barrio preguntando qué pasó, porque hay una chica que viene siempre a buscar la bicicleta a las 3 de la tarde y no vino, y qué raro que no vino un familiar, le debe haber pasado algo y bla bla bla». Cerraron el negocio pensando que yo la iba a ir a buscar más tarde.

Cuestión que a la una y veinte de la mañana un vecino de ahí se asoma por el balcón y ve la bicicleta y dice: «No, pasó algo». Agarró y llamó al del almacén, el del almacén abrió el almacén y con una amoladora me cortaron el candado y me la guardaron… así que nada, todo eso que sentí, esa indignación de que está lleno de gente de mierda gratis, no… no, estoy re emocionada porque me di cuenta de que está lleno de gente buena también. 

Ahora estoy acá bailando Day Tripper con mi hijo, nos estamos cagando de risa. Me gustaría poder filmártelo para que lo veas. 


Esta historia apareció publicada en revistaorsai.com